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A nivel oficial, las delimitaciones de las áreas de
montaña españolas han sido muy escasas. Esta
evidencia contrasta con la multitud de libros, guías
de viaje o referencias literarias que han definido y
popularizado un gran número de sectores montañosos.
La montaña, como territorio, existe más en la cultura
popular arraigada que en los documentos y normativas
aprobadas por las administraciones públicas. En este
sentido, el comportamiento de la administración central y
las autonómicas ha sido muy semejante. Ha interesado más
delimitar áreas de desarrollo rural, en crisis o desfavorecidas,
que basadas en un conjunto de atributos físicos y paisajísticos
evidentes.
   
Por eso, al elaborar nuestra delimitación de la montaña española hemos
 
tenido que recurrir al único intento oficial de demarcarla, la propuesta de Zonas de Agricultura de Montaña (ZAM) que se aprobó en el momento de incorporación de nuestro país a las Comunidades Europeas y que luego sería olvidada (ante la proliferación de comarcas LEADER, PRODER, etc). En una Orden del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación del 6 de Marzo de 1985 (BOE, 8 de Junio) se realizó la primera enumeración de municipios españoles incluidos en las ZAM, una lista que fue ampliada, incluyendo también la calificación como áreas desfavorecidas, en la delimitación de 9 de Junio de 1986 (BOE, 13 de Junio) y, posteriormente, por una tercera delimitación recogida en la Orden de 21 de julio de 1987, publicada en el BOE nº 182, de 31 de julio de 1987, en la que en dos anejos se terminaban por cerrar los municipios ZAM (anejo I) y los de Zonas Equiparables (anejo II). Nunca más se ha procedido a individualizar los territorios demontaña españoles, por lo que se ha decidido recurrir al conjunto de unidades administrativas incluidas en las clasificaciones de 1985, 1986 y 1987, teniendo en cuenta ciertos cambios de límites municipales, procesos de normalización de la toponimia y aplicando algunos criterios de corrección sobre una delimitación de las ZAM, en ocasiones demasiado mediatizada por intereses políticos inmediatos.
 
     
En concreto, todos los municipios españoles que se pueden considerar de montaña se incluyeron en las ZAM. En nuestra opinión a excepción de uno, el oscense de Jaca, que hemos decidido calificar como montañoso por el papel central que juega en la organización del espacio de un importante sector del Pirineo aragonés. Lo que sí se ha considerado abusiva es la inclusión de ciertos términos, que a pesar de formar parte de las ZAM no presentan, a nuestro juicio, características de montaña. Nos referimos, en primer lugar, a territorios eminentemente urbanos y/o litorales, o ambas cosas a la vez, que contando con relieves vigorosos y fuertes desniveles en su ámbito municipal, no pueden ser considerados de montaña. Entre los mismos, podemos citar a Algeciras, Castro Urdiales o Irún, incluidos en la delimitación de la ZAM. Un segundo motivo de exclusión es el carácter de ciudad capital de provincia de la cabecera de una serie de términos enumerados en la clasificación de 1985 y 1986. Entre ellos, Cuenca, Ávila o San Sebastián. La tercera causa de exclusión es el hallarnos ante ciudades medias o pequeñas urbes industriales, localizadas en un valle resguardado entre montañas, pero con una superficie municipal escasamente extendida sobre espacios montañosos. Ejemplos de este tipo son Ponferrada, As Pontes o Eibar. Por último, en los dos archipiélagos españoles, las islas Canarias y las Baleares, se ha decidido actuar con un criterio completamente diferente. En las Canarias prácticamente todos los municipios son considerados ZAM y en Baleares aquéllos en los que una pequeña parte de su territorio está ocupado por relieves. Esta delimitación es abusiva, porque lugares como Las Palmas de Gran Canaria o Sóller, por citar dos ejemplos, aunque cumplan los requisitos de desnivel del terreno necesarios para convertirse en ZAM no se definen, ni mucho menos, como de montaña. Para estudiar las áreas montañosas en las islas nos fijaremos exclusivamente en los espacios de mayor altitud, fuertes pendientes y más expuestos a los vientos. Resulta imposible recurrir a la escala municipal, puesto que buena parte de los términos canarios o mallorquines se extienden entre el mar y alguna cumbre. Por lo tanto, lo aconsejable es aislar los espacios de montaña a escala inferior a la correspondiente a los municipios. Partiendo de las ZAM y con las correciones apuntadas, se elabora el mapa de áreas de montaña españolas, imprescindible para cualquier aproximación de tipo académico y científico.
 
 
 
 
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