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Pulsa aquí
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españolas. |
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A lo largo de los dos últimos siglos
la percepción
sobre la montaña ha variado considerablemente de
unos momentos históricos a otros. La imagen de
espacio aislado e inhóspito, aprovechable tan solo
para la extracción de recursos baratos y abundantes,
ha prevalecido hasta, al menos, la primera mitad
del
siglo XX. En ese momento la montaña entra en una
fase
de intensa despoblación y extremado empobrecimiento,
que
proyecta una imagen completamente distinta en la
que no tiene
cabida ningún signo de progreso material o social.
Si acaso la
montaña sirve para albergar determinado tipo de
recursos esenciales
para el llano, pero su población y sus modos de
vida se han quedado
anclados en el tiempo, completamente al margen de
los aires desarrollistas |
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que soplan en el resto del territorio.
Actualmente asistimos a una revalorización general de
esa distorsionada imagen montañesa, en cuya conformación
tiene mucho que ver la emergencia de un nuevo sistema
social de valores que ha situado en el más alto pedestal
todas aquellas cualidades naturales y culturales que
mejor identificaron secularmente a estos ámbitos.
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Nada más cierto, pues estos cambios
de imagen que han conocido las áreas de montaña han
supuesto pasar de un replegamiento sobre ellas mismas
y un aislamiento que tradicionalmente las personalizaba,
a una nueva situación en que estas zonas se muestran
más abiertas al exterior y menos hostiles, son más conocidas.
Varios factores explicativos han intervenido decisivamente
para que así haya sucedido. Por un lado la evidente
mejora de accesibilidad y de la vertebración físico-territorial
de estos espacios, que se ha apoyado en actuaciones
y planes de intervención institucional financiados con
ayudas europeas, estatales, autonómicas y provinciales.
Por otro lado esta nueva imagen, atractiva, tiene que
ver también con la nueva cultura del ocio y las nuevas
demandas que en este sentido han ido promoviendo las
sociedades urbanas; la mayor accesibilidad ha generado
un notable incremento de los flujos de visitantes los
cuales, al tiempo, han contribuido en buena medida a
la difusión de los valores naturales y culturales en
un ámbito geográfico cada vez más amplio y ha repercutido
en la acuñación de una imagen específica y de calidad
de estas comarcas. Finalmente, esta imagen se ha proyectado
a través de medios muy distintos en una gran pluralidad
de segmentos demandantes y de mercados urbanos y turísticos
a diferentes escalas (provinciales, regionales y nacionales).
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